Rafael Romero el GallinaLa caña es uno de los géneros flamencos considerado por muchos estudiosos como cante matriz y un antecedente de todos los palos derivados de la soleá. La prensa sevillana del siglo XIX revisada por J. Luis Ortiz Nuevo nos muestra como ya en 1812 se cantaba la caña dulce con los ayes de la primitiva antífona, (versículo bíblico que se reza, antes y después de los salmos) que caracteriza a este género. Estébanez Calderón en sus Escenas Andaluzas de 1847 nos describe la caña como un cante que convertía a su interprete como un artista respetado, debido a la soltura y facultades  que se precisaban para entonarla, motivo por el que no era considerada un cante para bailar, sino mas bien para lucimiento del cantaor. Este hecho demuestra que la caña se populariza en una época de transición del noble arte y precisamente en aquella en que los cantaores desde el escenario profesionalizan el Cante Flamenco. El mismo autor nos indica que del tronco de la caña nacen los olés, las tiranas, el polo y las “modernas” serranas. Sobre la etimología del nombre que recibe este cante existen varias opiniones: la primera se refiere a la repetición de la palabra caña en el estribillo del cante originario, otra considera a la caña una aliteración del término con que antiguamente y aun en este tiempo se designaba en Andalucía  a un tipo de vaso de vino.

Cante con copla de cuatro versos octosílabos que riman el segundo y el cuarto. Es un cante duro, recio, que suena a liturgia, melancólico, repleto de melismas, que se remata con un macho de diferente métrica y más empuje, a veces una soleá. Es de difícil ejecución y requiere cualidades físicas excepcionales en el cantaor para su perfecta ejecución; no utiliza el jipío como elemento expresivo, por lo que se mantiene en todos sus tercios retador y gallardo. Los cantaores andaluces, que por lo general lo eran del caballo y del camino daban la primera palma a los que sobresalían en la caña.

Según Blas Vega “del primer cantaor de cañas que tenemos noticia es Francisco Vargas ‘El Fillo’ hacia 1844. Era costumbre en tiempos antiguos cantar detrás de la caña el polo, resultando la cosa un poco larga y monótona. Esto parece ser el motivo de que el señor José el Granaino banderillero de Cuchares, redujese en la caña los ayes del segundo y cuarto verso y le diese un aire más vivo, más valiente. El Gordo el Viejo, quita el polo, introduciendo parte de él en el macho de la caña, y su hijo Enrique el Gordo añade una soleá corta y sencilla.  Fue Don Antonio Chacón el que logro dotar a la caña de una cuadratura musical perfecta. Le imprimió la dulzura musical que necesitaba y que con tanta inteligencia ponía Chacón a los cantes, demostrando que había que mantener la línea rítmica. Dio a conocer, popularizándola, la clásica letra: A mí me pueden mandar/ a servir a Dios y al Rey/ pero dejar a tu persona/ eso no lo manda la ley/. Esta es una letra de una soleá de Paquirri que cuadraba perfectamente en el carácter de la época. En el final, que Chacón noto pobre le introdujo una soleá de Ribalta: los lamentos de un cautivo / no pueden llegar a España/ porque esta la mar por medio/ y se convierten en agua/.”   Con la muerte de Chacón dejo de cantarse hasta 1950, pero su recuperación posterior va unida a la pérdida de su grandeza y expresión. La pérdida no se puede limitar a los años posteriores ya que anteriormente a los años 50 se habían hecho versiones más folclóricas que flamencas: como ejemplo la del Mochuelo. Es en Concurso de Granada en 1922 una voz sobresale cantando la caña con sones que no se escuchaban, son sonidos flamenquísimos y que nos rescata la caña, posiblemente de Silverio y Curro Dulce.

Tenemos en la primitiva grabación discográfica la caña que en 1922, cantó Diego Bermúdez Cala (Tenaza de Morón) con ella y con las soleas apolas de Silverio gano el primer premio en el Concurso Nacional de Cante Jondo de Granada. En aquella fecha, Diego Bermúdez tenía sesenta y ocho años y había nacido por lo tanto en 1854. Pudo perfectamente oír los cantes del Fillo y del Planeta que en 1847 gozaban de buena salud y facultades. Diego pues representa en cuanto a la caña el más fiel testimonio sonoro del primitivo cante. En la caña de Bermúdez podemos saborear las cualidades que precisamente faltan a la caña actual. La que canta Caracol, Fosforito o Rafael Romero llevan ritmo mucho más lento: el ay de Bermúdez es un ay no un iiiiii. La copla es la siguiente: /en el querer no hay venganza/ tú te has vengaito de mí/ castigo tarde o temprano/ del cielo te va a venir/.

Es probable que Bermúdez acabase con las soleas apolas. La caña es representativa de los cantes viejos que bienestan si bien se saben Recrearlos es una verdadera bendición como por ejemplo nos hace Cayetano Muriel en su grabación. No cojamos cantes que en un principio no están hechos para aprender. En la caña está el ejemplo. Durante muchos años se ha venido haciendo la caña del Gallina y esto nos ha llevado a casi la perdida, a base de monotonía de un verdadero pilar del Cante Grande.