Pericón de CádizJuan Martínez Vílchez ‘Pericón de Cádiz’ nació el 20 de septiembre de 1901 en el barrio del Mentidero de la capital gaditana. Hijo del matrimonio formado por Adolfo y María, del cual nacieron siete hijos, que tal y como estaba la vida en los primeros años del siglo pasado no debió ser fácil sacar tal cuadrilla adelante, el mismo Pericón con su imaginación y fantasía explicaba la situación: “En mi casa siempre estaba la cosa mala. Mi padre trabajaba poco porque estaba ‘quebrao’; mi madre de cuando en cuando vendía pescado; mi hermano Mateo siempre estaba por ahí de cómico y mi hermana María, la pobre era cojita; Ricardo se pasaba el día jugando a las cartas, desde las siete de la mañana hasta las once de la noche; Manolo pronto se colocó en una empresa fijo, se casó e hizo su vida; y Pepe, que trabajaba de camarero, estaba con sus cosas del oficio. Y claro, mi hermana Anita era la única que bregaba con nosotros”. Sobre todo con él, que al parecer era travieso como el que más, teniendo sometidos a todos los chavales del barrio a sus juegos y diabluras. Por ello recibió de sus compañeros el apodo de ‘Capitán Pericón’.

Pese a no encontrarse en su familia ningún antecedente flamenco, a los cuatro o cinco años Pericón ya cantiñeaba algunas cosas, aunque le daba una vergüenza tan grande que tenía que meterse detrás de las cortinas para poder cantar. Una vez superado el miedo al público aprovechó la ocasión de poder ganar algunas pesetas en los pescantes de coches de caballos, dado que en aquella época había la costumbre de organizar fiestas flamencas recorriendo las calles de Cádiz en los citados vehículos. Después de varias actuaciones en pueblos cercanos, es contratado para el Olimpia de Sevilla, donde pasó una larga temporada. Seguidamente, es llamado por la compañía de Pepe Marchena, con la que recorrió numerosas capitales de provincias, terminando en la plaza de toros de Cádiz, donde Pericón alcanzó, según apreciación propia, uno de los mayores éxitos de su vida artística.

En 1936 se presentó al concurso que organizó el empresario Alberto Montserrat, en el Circo Price de Madrid, donde acudieron tal cantidad de cantaores que duró la competición tres días con sus 24 horas. De los tres premios puestos en juego, Pericón consiguió el primero, con 1.000 pesetas, y para lograrlo había que cantar por soleá y siguiriyas; el segundo, por malagueñas con 750 pesetas, fue para el Niño de Arahal y el de granaínas de 500 pesetas, fue para Manolo Fregenal.

Al término de la guerra fue contratado Pericón por la compañía de Conchita Piquer para trabajar en la obra musical “Las calles de Cádiz”, espectáculo que había estrenado Encarnación López ‘La Argentinita’ en 1932. Conchita Piquer se propuso superar los éxitos alcanzados por la anterior, para lo cual llamó a Pericón como figura estelar, seguido de Pastora Pavón, Pepe Pinto, La Macarrona, La Malena, Mari Paz, Rafael Ortega, Caracolillo, Melchor de Marchena y Niño Ricardo, entre otros. Esta afición duró cinco años, recorriendo la mayoría de las capitales españolas. Todo el ambiente estaba basado en el ámbito del barrio de Santa María y su radiante jolgorio.

En 1948 Pericón obtiene un nuevo premio en el concurso celebrado en el Teatro Monumental de Madrid, quedándose en la capital definitivamente, primero trabajando en el colmado Villa Rosa, dedicándose también a cantar en fiestas y reuniones, hasta que firma un contrato para actuar en el Tablao Zambra durante un mes con motivo de su inauguración, pero que se va extendiendo hasta un total de trece años, realizando con su cuadro viajes a diversas capitales europeas. Igualmente tuvo la ocasión de participar con el mismo elenco en la reconocida “Antología del Cante Flamenco”, realizada por los franceses en 1954, colección que obtendría el Gran Premio de la Academia francesa del disco, en la que figura un plantel de lo más representativo que en esos momentos actuaba en Madrid, entre ellos: Rafael Romero, Bernardo de los Lobitos, Pepe de la Matrona, Niño Almadén, Antonio el Chaqueta, Lola de Triana, Jarrito y el propio Pericón. Todos ellos acompañados y dirigidos por Pedro el del Lunar, que fue asignando los cantes que debían realizar cada uno, según la peculiaridad y conocimiento que tuvieran de los estilos. A Pericón le correspondieron tangos, alegrías y malagueñas del Mellizo.

El repertorio de Pericón era amplísimo y abarcaba la mayoría de la estilística flamenca. Comenzó en la era de la pizarra, donde quedaron registrados algunos temas dignos de ser conservados para deleite de los aficionados más exigentes. Su voz de “tenor flamenco”, como la designó Fernando Quiñones, era muy atractiva y gustaba a un amplísimo público. Las casas discográficas más prestigiosas se disputaban sus cantes, entre ellas Odeón, Columbia, Ariola, Hispavox, RCA, Vergara, Marfer o Pulidor. Fue acompañado de los mejores guitarristas como Niño Ricardo, Melchor de Marchena, Andrés Heredia, Paco Aguilera, Antonio Arena, Pedro el del Lunar y Félix de Utrera. Todo ello lo dejó registrado para enriquecimiento de la cultura flamenca.

Pericón perteneció a un selecto grupo que encumbró los cantes de Cádiz a lo más alto de su existencia, como fueron Aurelio Sellés, la Perla de Cádiz, Manolo Vargas y él mismo, cantes que nacieron de la invención de aquellos pioneros, imaginativos y creadores que dieron forma flamenca a unas tonadillas del rico folclore gaditano, un plantel capitaneado por Enrique el Mellizo, el creador capaz de transmitir emoción a raudales en todo aquello que cantaba, ya fueran soleares, siguiriyas, cantiñas, tientos o saetas. Le segundaron con enorme personalidad estilistas de la talla de Curro Durse, Paquirri el Guanté, Ignacio Espeleta, Rosario la Mejorana, Pepa de Oro o Enrique Ortega, entre otros. Ellos transmitieron a los que le siguieron la gracia y la alegría de los cantes más festivos de Cádiz, como las cantiñas, la bulería y los tanguillos, pero también los más trágicos, entre ellos las siguiriyas, las saetas o la misma malagueña del Mellizo.

Y sin duda, Pericón fue el que mejor supo recoger todas las variantes que sus mayores le enseñaron. Él representa mejor que nadie la alegría, el desenfado, la fantasía y la imaginación del carácter gaditano. Pericón, además de excelente cantaor, era una persona ocurrente, ingeniosa y figurativa. Según los que le conocieron, todos coinciden en que era un hombre con una caudalosa imaginación. En las reuniones proporcionaba a los presentes lances y pasajes más o menos difíciles de creer, según los racionamientos cotidianos. Pero no hay que olvidar que así como en las leyendas más inverosímiles existe un fondo de realidad ocurrida y transformada por el tiempo. En los relatos de Pericón se mezcla lo que fue y lo que pudo ser. Filosofía que le reportó al ilustre gaditano un inmenso cariño y admiración por todos los que lo trataron, que disfrutó hasta el fin de sus días evaporados en 1980.